/// Gerardo Bustos ///

En 1978 nació la Constitución actual. Hace nada menos que 40 años. Todos somos conscientes de la transformación que se ha producido en la sociedad española durante este tiempo, sobre todo si pensamos en el impulso acelerado de los avances tecnológicos. Pero junto a ellos se han producido unos profundos cambios en los usos y costumbres. Ya nada es lo que era. Se ha creado una sociedad nueva muy diferenciada de su punto de partida.

Cuesta ahora recordar que hemos conocido casas sin calefacción, sin agua corriente; pueblos sin teléfono. Atravesar España en coche era un largo y tortuoso calvario de mediocres carreteras de doble sentido. En la sociedad de partida pagar impuestos era una broma y el divorcio no existía. Había tanto por hacer, tanto que copiar a los otros países occidentales, que la democracia, Europa, las elecciones se convertían en grandes horizontes mágicos que provocaban hemorragias de ilusión.

Estos cuadros que recojo aquí, comparando antes y después, no son exhaustivos, ni pretenden serlo. Son sólo meras muestras de pequeñeces y no tan pequeñeces de la vida corriente. Desde esa óptica, resultan tremendamente sorprendentes. Son estos datos saltarines de la vida diaria, que hemos ido asumiendo con dosis diminutas y constantes, los que al enfrentarlos al otro lado del puente de cuatro décadas nos dan una bofetada de realidad sobre la profundidad del cambio.

Dejemos que el lector disfrute de los datos y saque sus propias conclusiones. Sólo espero que disfrute con los datos tanto como yo al buscarlos. Y, por favor, si quieres añadir otros, este espacio es tuyo.